jueves, 3 de febrero de 2011

Estaba en un momento de mi vida en el qual no creia en nadie, ni tan siquiera en mi misma... Todo era de un color demasiado oscuro y las sonrisas que regalava eran fingidas. No encontrava sentido a nada, no entendía nada y todo parecia que estuviese cuesta arriba.
Pero de golpe apareciste tu, y ese color oscuro empezó a clarecer, de golpe mis sonrisas regaladas ya no eran fingidas, pero no lo eran porque te las regalava a ti, y de buenas a primeras todo lo que parecía estar cuesta arriba empezava a planear sin cesar y yo empezava a entender todo lo que pasava a mi alrededor. De golpe empezé a confiar en mi misma, a confiar en la gente, a confiar en ti.
Y desde aquél momento que empecé a sentir cosas dentro de mi, cosas que no entendía, o quería esconder por el miedo de no ser ese mismo sentimiento el que tu sentías por mi... Y empezaron las salidas nocturnas, el echarte de menos, los mensajes y las cervezas a solas, incluso las cenas o el que fueras mi mejor animador durante un partido ridículo... Empezaste a apollarme en lo que nadie lo hacía, empezaste a regalarme tus sonrisas, tu tiempo, tus miradas, tus abrazos... 
Y yo solo quería que eso que yo sentía fuese lo mismo que tu sentías... Y llegó el día, en que nuestra sonrisa se hizo una sola, en que nuestras miradas decían lo que sentíamos, en que las salidas nocturnas no fueron necesarias para dejar de echarte de menos. Llegó el día en que empezamos a construir una historia con fundamentos, una historia de los dos, algo solido. Y empezamos a compartir sueños, a compartir noches, a compartir tiempo, a compartir dos vidas que de golpe fueron una. 
Y estoy orgullosa de todo lo vivido, de tenerte a mi lado, y de saber que te necesito para todo y para más. 

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